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6 de agosto de 2026

Parte de un cohete de Elon Musk chocó contra la Luna tras más de un año a la deriva

Este jueves, la NASA ratificó que una de las secciones superiores perteneciente a un Falcon 9 de SpaceX colisionó con la Luna. El suceso tuvo lugar en las proximidades de los cráteres Einstein y Bell, una región del relieve lunar cuya observación directa desde nuestro planeta resulta especialmente compleja.

El vehículo de lanzamiento inició su trayectoria el 15 de enero de 2025, transportando consigo los módulos Resilience, de la firma nipona ispace, y Blue Ghost 1, desarrollado por la estadounidense Firefly Aerospace. Esta operación se integró en el marco del programa CLPS de la NASA, iniciativa diseñada para el envío de instrumental científico y recursos tecnológicos hacia el satélite.

Tras cumplir con la entrega de su carga, la estructura quedó posicionada en una órbita terrestre. No obstante, los altos niveles de energía requeridos para la inserción en la trayectoria de transferencia impidieron que la etapa realizara un reingreso controlado para su desintegración en la atmósfera, procedimiento habitual en misiones de menor alcance.

La influencia de la actividad solar y las interacciones gravitatorias alteraron progresivamente su curso hasta establecer una trayectoria de choque ineludible. Fueron observadores independientes quienes inicialmente alertaron sobre esta posibilidad mediante el análisis de datos públicos, diagnóstico que posteriormente fue validado por el Centro de Estudios de Objetos Cercanos a la Tierra de la propia NASA.

Un choque a gran velocidad

La etapa superior, con una masa aproximada de cuatro toneladas, impactó contra el terreno lunar a unos 8.690 kilómetros por hora, equivalentes a aproximadamente 2,4 kilómetros por segundo. El golpe habría generado un cráter de hasta 27 metros de diámetro y unos cinco metros de profundidad, aunque las dimensiones definitivas deberán confirmarse mediante observaciones de orbitadores.

La Luna no tiene una atmósfera densa que frene o fragmente los objetos que llegan desde el espacio. Por esa razón, la estructura del Falcon 9 alcanzó la superficie prácticamente intacta antes de liberar su energía y expulsar polvo y rocas del suelo lunar.

El impacto no fue visible a simple vista desde la Tierra. La NASA advirtió que cualquier destello o nube de material expulsado sería muy débil y que las condiciones de iluminación y el clima podían dificultar su detección con telescopios terrestres.

Un laboratorio para la ciencia

A pesar de que es un accidente no calculado, esto ofrece a los investigadores una oportunidad para estudiar cómo se forman los cráteres y cómo se comporta el material expulsado durante un impacto artificial. Al conocer la masa, la velocidad y la composición aproximada del objeto, los científicos pueden comparar el resultado con sus modelos sobre impactos en la superficie lunar.

El Observatorio Lowell, en Arizona, informó de la detección de una nube de material asociada al impacto. Según los primeros análisis, la pluma contenía sodio procedente del suelo lunar y litio relacionado con el propio cohete, y permaneció observable durante varios minutos.

La NASA también prevé analizar imágenes tomadas antes y después del impacto por su Lunar Reconnaissance Orbiter y por la cámara ShadowCam, instalada en la sonda surcoreana Korea Pathfinder Lunar Orbiter. La disponibilidad de esas imágenes dependerá de la posición orbital de las sondas y de las condiciones de iluminación, por lo que los primeros datos podrían tardar varios días.

El debate sobre la basura espacial

La NASA insistió en que el impacto “no representa absolutamente ningún peligro” para la Tierra ni para los equipos que ya operan en la Luna. También recordó que hacer impactar de forma controlada una etapa contra la superficie lunar puede ser un método técnicamente aceptado para retirar hardware en determinadas misiones.

Sin embargo, el episodio reabre el debate sobre la gestión de residuos espaciales a medida que aumentan las misiones comerciales y gubernamentales hacia la Luna. En los próximos años, más naves, módulos de aterrizaje y etapas de lanzamiento operarán alrededor del satélite, lo que hará necesario definir con mayor precisión cómo deben retirarse los equipos cuando terminan su vida útil.

Para la ciencia, no obstante, el choque se convirtió en un experimento natural para comprender mejor los impactos que han moldeado la superficie lunar durante miles de millones de años.

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