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5 de febrero de 2026

La IA está optimizando la postproducción: eficiencia a favor de la creatividad

Cada vez que la inteligencia artificial entra en una conversación sobre medios y entretenimiento, aparece el temor de que la tecnología termine reemplazando decisiones creativas.

Sin embargo, hasta ahora la industria experimenta una adopción menos profunda en la que el primer impacto real de la IA no está ocurriendo en la creación de historias, sino a nivel de postproducción. Por supuesto, esto no deja de ser debatible, pero una realidad es que es justo ahí donde la industria llevaba años acumulando fricción.

En medios de deportes, noticias y contenidos de actualidad, buena parte del trabajo posterior a una emisión se ha basado en tareas repetitivas. Localizar momentos clave, generar cortes, adaptar formatos, resumir piezas o crear múltiples versiones del mismo contenido para distintas plataformas.

Si bien actualmente hay talento suficiente, lo que ralentiza estos procesos es el poco tiempo disponible en un mundo en el que todo, incluyendo las reacciones, se transmite en tiempo real.

“La IA no está reemplazando el criterio editorial, está eliminando cuellos de botella operativos”, explica Fernando Echeverri, Jefe de Ingeniería en intive. “Eso cambia por completo la conversación sobre su impacto creativo”.

De acuerdo con el experto, lo que empieza a verse en redacciones y plataformas no es una automatización total, sino una división más clara del trabajo. La IA se encarga de preparar el terreno con tareas como identificar fragmentos relevantes, generar versiones preliminares, proponer estructuras, pero la decisión final sigue siendo humana.

Este enfoque está dando lugar a uno de los usos más interesantes de la IA en medios: la regeneración de contenidos. En lugar de producir más y más material desde cero, las organizaciones están aprendiendo a extraer mayor valor de lo que ya tienen.

La IA permite transformar automáticamente piezas grabadas en formato tradicional en versiones optimizadas para consumo rápido, especialmente en entornos de scroll continuo. Esto no solo reduce tiempos de producción, sino que reabre archivos que antes resultaban poco explotables.

“La regeneración no es reutilizar por reutilizar. Es adaptar contenido existente a nuevos contextos, audiencias y formatos sin rehacer todo el proceso”, señala Echeverri.

Un impulso a la creatividad

Este cambio tiene un efecto colateral importante a nivel de creatividad: “Cuando los equipos dejan de invertir horas en tareas mecánicas, pueden dedicar más energía a lo que realmente diferencia a un medio: el enfoque, el contexto y la narrativa”, comenta el experto.

Lejos de empobrecer el resultado creativo, la automatización bien aplicada parece estar ampliando el margen de maniobra. Algunos equipos descubren que, al reducir costes y tiempos, pueden experimentar más, probar formatos nuevos o asumir riesgos que antes no eran viables.

Eso no significa que todo deba automatizarse. Delegar decisiones editoriales sin supervisión puede llevar a contenidos genéricos o descontextualizados. Por eso, el verdadero reto no es técnico, sino organizativo: definir qué tareas debe asumir la IA y cuáles deben permanecer bajo control humano.

“La tecnología necesita límites claros”, advierte Fernando Echeverri. “No porque no sea capaz, sino porque la responsabilidad creativa y ética sigue siendo humana”.

A diferencia de otras promesas más ruidosas de la IA, la transformación de la postproducción está ocurriendo en silencio. No genera titulares espectaculares, pero sí cambios estructurales con equipos menos saturados, procesos más ágiles y una relación distinta entre creatividad y tiempo.

En lugar de reemplazar a los creadores, por ahora la IA empieza a cumplir una función mucho más valiosa como devolverles espacio mental. Y en una industria donde la presión por producir nunca se detiene, eso puede marcar la diferencia para crear algo realmente impactante.

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