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19 de junio de 2026

Acuerdo entre Intel y Apple para impulsar chips hechos en EE. UU.

Tras la presión ejercida por el actual gobierno de Trump, Apple acordó trabajar con Intel para diseñar y fabricar sus chips en Estados Unidos, que busca fortalecer la producción local de semiconductores y reducir la dependencia de Asia.

Trump lo informó en Truth Social y aseguró que Estados Unidos debe volver a diseñar y producir sus propios chips dentro del país. También vinculó esta iniciativa con otros supuestos acuerdos de Intel con compañías tecnológicas, en una muestra de su apuesta por convertir la manufactura de semiconductores en una prioridad política.

El anuncio inmediatamente impulsó las acciones de Intel en el mercado previo a la apertura.

Un acuerdo que venía gestándose

Desde que Apple dejo de utilizar chips de Intel en sus MacBook en 2020 y comenzó a diseñar sus propios procesadores Apple Silicon serie «M», se ha especulado sobre un posible acuerdo de colaboración para la fabricación.

Aunque el anuncio de Trump tomó protagonismo, la relación entre Apple e Intel sobre este tema no surgió de la nada. En mayo, The Wall Street Journal reportó que ambas compañías habían alcanzado un acuerdo preliminar para que Intel fabricara algunos de los chips que usan los dispositivos de Apple, tras más de un año de conversaciones.

Ese antecedente sugiere que la declaración presidencial se apoyó en negociaciones ya avanzadas, aunque las empresas no han hecho un anuncio público conjunto detallando el alcance del pacto. Por ahora, no está claro qué productos de Apple utilizarían estos chips ni hasta qué punto Intel asumiría la producción.

Intel, la gran ganadora

Para Intel, el acuerdo representa mucho más que un cliente nuevo. La compañía arrastra años de presión competitiva frente a rivales como TSMC y Samsung, por lo que fabricar chips para Apple sería una señal de recuperación industrial y una validación de su capacidad de manufactura.

Las acciones de Intel subieron alrededor de 9% en las operaciones previas a la apertura tras el anuncio de Trump. Ese salto refleja tanto el peso simbólico del acuerdo como el interés de los inversionistas en una posible nueva etapa para la empresa.

Apple amplía su cadena de suministro

Para Apple, una alianza con Intel tendría sentido estratégico por varias razones. La empresa busca diversificar su cadena de suministro de chips y reducir su exposición a riesgos geopolíticos y de concentración productiva fuera de Estados Unidos.

Además, un paso así encajaría con la presión de Washington para que las grandes tecnológicas apoyen la relocalización de la producción de componentes críticos. En ese contexto, colaborar con Intel también le permite a Apple alinearse con el impulso político hacia una base industrial más doméstica.

El anuncio también tiene una lectura política clara de cómo Trump está presentando la fabricación de chips como una bandera de soberanía tecnológica. Su mensaje insiste en que no basta con diseñar semiconductores, sino que también deben producirse en territorio estadounidense.

Esa narrativa coincide con la estrategia más amplia de reforzar la industria de semiconductores en el país, un sector considerado crítico para la seguridad económica y tecnológica local. En ese escenario, Apple e Intel se convierten en símbolos de una posible reindustrialización tecnológica ahora impulsada por presiones geopolíticas.

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