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Samsung o Apple ¿cuál de las dos prefieres que robe tu dinero?

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Un día un amigo argentino dijo: “¿Sho para qué quiero el último smartphone?”, a lo que un mexicano imitando acento argentino respondió: “Ché voludo, siempre hay que tener el último gadget”, y a lo qué yo pregunté ¿es en serio? 

Para empezar dejemos claras 2 cosas, la primera es que aquí siempre se escriben publicaciones muy noticiosas, una linea editorial a la que hoy me da el arrebato de dejar a un lado, al fin y al cabo es sábado en la noche… Y la segunda: este post va dedicado a aquellos buenos lectores que nos proclaman de Apple Fanboys (¡sí, como no!).

En varias ocasiones hemos hablado sobre la obsolescencia programada, un término que seguro haz escuchado por ahí… En algún documental de Discovery o alguna frase X en Internet. En caso que en este momento no tengas ni idea de lo que significa la obsolescencia programada, posiblemente recuerdes que hace algunos meses causó gran furor una noticia donde afirmaban que varias empresas querían comercializar bombillas de mucha más duración, artículos que duraban hasta 100 veces más de lo normal. En ese entonces, muchas personas se cuestionaron sobre el gran salto que dio este tipo de tecnología, cómo de la noche a la mañana las empresas productoras pueden sacar al mercado por casi el mismo precio, artículos de 100 veces más duración ¿?. De seguro a este interrogante muchos respondieron con LOL.

El tema de las bombillas y la obsolescencia programada tienen su historia desde hace mucho, todo empezó cuando una empresa productora (la cual no mencionaremos), sacó al mercado las bombillas que mejor podía producir, al mercado salieron estos artículos los cuales cumplían a cabalidad su función, adicional, al tiempo de duración que prácticamente era ilimitado. En ese entonces, la empresa productora se percató que la industria no podría ser rentable si las empresas sacaban al mercado productos de tan buena calidad, los usuarios pocas veces se tendrían que ver obligados a comprar otro producto igual y fue lo que dio pie a la elaboración de la obsolescencia programada.

Para iniciar fueron las bombillas, a lo que poco a poco se fueron agregando muchos más artículos de consumo y hasta llegar al día de hoy en donde los medicamentos, la moda, la comida y hasta los desechos tienen obsolescencia programada. En la red existe un completo documental sobre este tema, el cual inicia con un ejemplo muy claro y contundente donde a un usuario de una impresora, cuando alcanza X cantidad de impresiones como por arte de magia la impresora simplemente deja de funcionar, sus componentes están en perfecto estado y ¡oh sorpresa! La que se lleva el usuario al enterarse que esa impresora está configurada por el fabricante para que a cierta cantidad de impresiones simplemente pare de trabajar y el usuario se vea obligado a comprar otra. Eso es la obsolescencia programada. 

Hoy en día se puede decir que casi todas las empresas tienen obsolescencia programada, lanzan al mercado artículos de consumo los cuales tienen un tiempo de vida útil mucho más que limitado, convirtiendo al consumista prácticamente en un zombie que sin pensarlo dos veces puede comprar un mismo artículo hasta 2 y 3 veces… Tranquilos, de no existir este sistema, la economía prácticamente estaría en el suelo, al fin y al cabo las empresas (además de ser usureras) necesitan de todo este embalaje para poder funcionar, al fin y al cabo para eso están, para ganar dinero.

¿Pero qué tienen que ver Apple y Samsung?

Obvio que estas dos bellezas tenían que estar metidas en todo este circo, -Risa sarcástica y palmadita en la espalda- y si usted es amante de alguna de estas dos marcas, lo recomendable en este caso es que mueva su mouse hasta el icono de cerrar ventana, de seguro así se va a ahorrar la herida de susceptibilidades que en Social Geek estamos por cometer al hablar mal de esa marca que usted tanto ama, mucho más al dar fe que estas empresas programan sus equipos para que simplemente en cierto tiempo le digan Bye bye, no quiero funcionar más.

Iniciemos mencionando la pelea que tienen casada no Apple y Samsung, sino los usuarios de iPhone y Galaxy, parece mentira ver enfrentados a dos grupos de personas que aman, defienden y hasta idolatran a un celular con un icono de androide y otro con una manzana mordida. Si usted es un usuario promedio y fiel amante de una de estas dos marcas, debería cuestionarse por qué eligió una y no la otra, si al fin y al cabo las dos hacen exactamente lo mismo: producen un artículo a un precio mucho más elevado que artículos similares de otras marcas, sacan cada 6 meses una nueva versión de su producto estrella con mínimas modificaciones, logrando de esta forma desvalorizar un equipo recién comprado porque ya no es el “más nuevo” ni el que tiene “lo último en tecnología” y finalmente le roban su dinero en la cara, metiéndole en la mente un equipo con unas prestaciones de rendimiento que para sus necesidades cotidianas podría cumplir hasta con un equipo gama media que consigue por un tercio del precio que está pagando.

Si los motivos antes mencionados no lo convencen de a mucho, ¡Tranquilo! Es normal que cualquiera de estos dos emporios tecnológicos, tenga mucho más poder psicológico sobre usted que un pobre bloguero arrastrado que lleva usando tecnología 17 años.

Nota importante: No se crea salvado si no usa iPhone, esta es una fiebre que se contagia rápidamente sin importar si usted es un androide o esta montado en un árbol de manzanas.

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